Breve, el ahora disuelto entre las manos,


como las palabras nunca dichas


que se secaron en la garganta


aquella mañana larga


hasta las cuatro y media de la tarde.



Cuando no miraba nadie.

Cayeron todas las ramas

donde no había árboles.

no pudieron mis manos curar las nuevas cicatrices

 

 

Hernan Silenus